El poema que Rudyard Kipling nunca escribió

En el artículo publicado por el blog del espacio literario La plaza de Poe en marzo de 2018, titulado «Nunca lo dijeron. Falsas citas en RRSS», la autora, Beatriz Alonso Aranzabal, hablaba sobre las falsas citas que circulaban por las redes sociales. En el artículo, su autora, hacía un llamamiento al respeto y al rigor. Evitando así la difusión de bulos, mentiras y falsedades.

Hace unos días, Elena Pérez Hoyos, una arquitecta bilbaina y poeta aficionada, seguidora del blog, nos escribe para contarnos una historia poco más que sorprendente que hemos decidido transcribir tal cual nos ha llegado. Somos conscientes de que la obra de Rudyard Kipling es pública y cualquiera puede comprobar lo que Elena nos cuenta. Animamos a todos a que antes de publicar algo en redes sociales, nos detengamos unos minutos y sepamos qué estamos haciendo y tengamos la certeza de que la fuente es fiable. Los autores/as lo merecen.

«Hace pocos días tuve conocimiento de que desde hace años circula por internet un poema titulado “Elegí la vida” o “Elegí vivir” falsamente atribuido a Rudyard Kipling. Lo más sorprendente es que ese poema es mío, que apenas soy una escritora aficionada. Lo escribí en el año 1998 y lo cedí a gente de mi entorno para dinamizar una jornada de reflexión con personas en situación de dificultad. El poema fue incluido en unos materiales de trabajo que se repartieron, exclusivamente en papel —esto es importante—, a no más de cincuenta asistentes. Aquella joven escritora que era yo entonces, insegura de sus palabras, decidió no firmarlo.

Alguno de esos papeles que se repartieron debió de tener una vida muy interesante. Quizá circuló de mano en mano, regalado. Quizá quedó olvidado en un cajón y fue encontrado por alguien años después. Quizá fue rescatado de un cubo de basura… El caso es que, en 2008, mi poema aparece transcrito en el blog de una mujer argentina, en el que se le adjudica equivocadamente la autoría de Kipling. En esa transcripción se modifica el texto original pasándolo a masculino (no resultaba muy creíble que Kipling se expresara en femenino), y se comete una pequeña errata en una palabra. Esta es la referencia más antigua que he encontrado en internet, pero podría provenir de publicaciones anteriores que no he encontrado. Y a partir de ahí… ¡horror! Cientos de referencias y alusiones, miles de “me gusta” y comentarios, copias parciales, adaptaciones, montajes en YouTube… Todos ellos señalando a Kipling como autor y arrastrando la errata inicial. Y para mayor espanto, un par de páginas aportando una traducción al inglés (tampoco resultaba muy creíble que Kipling se expresara en castellano). Es importante reseñar que todas las páginas en las que aparece el poema son de origen español o latinoamericano, y ninguna de ellas de divulgación literaria, pero ello no ha sido impedimento para que la falsa atribución siguiera extendiéndose. Por otra parte, aparece también en la web un debate entre estudiosos de la literatura inglesa poniendo acertadamente en duda esta autoría.

Pero no solo eso. Este texto sirve de reclamo comercial en los escaparates de la conocida franquicia Natura, por diversas ciudades de España. Precisamente esa fue la manera en que me di cuenta: lo vi expuesto en una de las tiendas que tienen en mi ciudad, Bilbao. ¡Imaginad mi sorpresa al reconocer mi texto en un enorme panel del escaparate! No hubo más que googlearlo y encontrar todas esas referencias.

He alcanzado a intuir de dónde surge el error, gracias a la ayuda de antiguas amistades que, sorprendentemente, conservaron los materiales utilizados en el año 98. En este documento, además de mi texto, se incluían otros muy conocidos, entre ellos el poema “If”, del célebre Rudyard Kipling. Alguien hizo una interpretación apresurada del documento y confundió la autoría. Ello no justifica, sin embargo, el cambio de género. Y lo que siempre será un misterio, supongo, es cómo viajaron esas letras hasta la red.

Si el poema hubiera aparecido según el texto original y anónimo, el asunto habría quedado en una anécdota simpática y halagadora. Pero bajo la autoría de Rudyard Kipling… ¡siento vergüenza! (ajena, por quienes lo difunden). Y así empieza mi periplo para tratar de frenar este sinsentido. Escribo comentarios, mando mails, explico la confusión… Siempre con la intención no tanto de que se incluya mi nombre, sino de que se retire el poema. Y me encuentro alguna agradable rectificación y el interés de algún medio de comunicación, pero sobre todo innumerables suspicacias de responsables que persisten en mantener el texto con la falsa autoría. Ahora, me abordan multitud de preguntas:

¿Suenan mejor mis palabras bajo autoría masculina? ¿Habrían gustado tanto expresadas en femenino y firmadas por el poco exótico nombre de su autora? ¿Cómo hacerme creer siendo nadie desde el punto de vista de las redes sociales y no habiéndolo publicado con anterioridad? ¿Cómo eliminar la entrada en blogs inactivos desde hace años, que seguirán mostrando, indefinidamente, este enorme error?

Pero la pregunta que más me escuece: ¿Cómo es posible la falta de rigor de tantas personas dando por cierta esta atribución sin verificarla?

Y me doy cuenta, consternada, de que nadie estamos a salvo del peligro de cometer este mismo error con otras citas: vivimos en la inmediatez, buscamos resultados rápidos y vistosos, confiamos a ciegas en Google… Se me ocurre plantear tres sencillas preguntas que deberíamos hacernos antes de transcribir una cita (preguntas que evidentemente no se han hecho las personas que han difundido mi poema atribuyéndoselo a Kipling):

  • ¿Qué deseo conseguir, sinceramente, añadiendo esta cita a mi texto (o blog, o escaparate, o marca)? ¿Transmitir un mensaje y unos valores, o dar imagen de persona culta citando a un personaje célebre?
  • ¿Dónde he encontrado la cita? ¿Es una fuente fiable? ¿La recogen otras fuentes?
  • Si la cita fue supuestamente escrita en otro idioma, ¿puedo encontrar el original?

Por último, debo decir que todas las búsquedas que he realizado en mi breve investigación han tenido también el dulce sabor del halago, y la emoción de comprobar que mis palabras han tocado el corazón de muchas personas. Estas palabras volaron de mis manos y otros y otras se las han apropiado, ya no me pertenecen. Y eso es hermoso.».

Los responsables del blog se han puesto en contacto con la franquicia que exhibe este poema, la autoría del mismo ha sido retirada a la espera de que la firma haga las investigaciones pertinentes.

 

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