Salud mental, literatura y arte. 10 de octubre.

 

Autor: Enrique Cremades

La celebración del Día Mundial de la Salud Mental, hoy 10 de octubre, es una iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH). Es un día que se celebra en más de 100 países. La organización Salud mental España, muestra a la sociedad la labor que reivindica los derechos de este colectivo. El lema elegido para 2017 ha sido “Trabajar sin máscaras, emplear sin barreras”. El pasado 3 de octubre organizaron una jornada técnica con ponencias en el Salón de Actos del Ateneo de Madrid. La OMS, nos alerta de que las enfermedades mentales afectan a millones de personas en todo el mundo, así como a sus familiares. Una de cada cuatro personas sufrirá algún trastorno mental en algún momento de su vida. La depresión es una de las principales causas de incapacidad a nivel mundial. La esquizofrenia y el trastorno bipolar están entre las enfermedades más incapacitantes que existen. Aunque afectan a un gran número de personas, este tipo de dolencias siguen recibiendo muy poca atención y generando, a menudo, rechazo.

Su encasillamiento es complicado, pero sí nos atrevemos a hacer un breve resumen. Podemos hablar de la esquizofrenia en sus múltiples variantes como el trastorno paranoide, catatónico, indiferenciado, hebefrénico y residual. En este caso, los síntomas positivos son las alucinaciones, delirios, pensamientos desorganizados y los negativos son la falta de iniciativa e interés, apatía, retraimiento social, depresión y falta de respuesta emocional. Existe el trastorno delirante, el inducido por sustancias y el debido a otra enfermedad.

En un segundo grupo, tenemos los trastornos del neurodesarrollo, que se identifican por una discapacidad intelectual, déficit de atención e hiperactividad, así como otros de diferente índole como el bipolar, depresivo, de ansiedad donde se producen episodios de fobias y crisis de pánico, el obsesivo-compulsivo, de estrés, algunos disociativos como la personalidad múltiple y también de alimentación como la anorexia y bulimia.

Sin olvidar, otros transtornos como los del sueño-vigilia, disfunciones sexuales. O aquellos que son destructivos de la conducta, como la cleptomanía y piromanía. Los producidos por el uso o abuso de sustancias y adictivos, el delirium neurocognitivo y otros relativos a la personalidad paranoide y esquizoide.

Quedarían algunas especialidades por nombrar, el tema es complejo y nos falta todavía mucho por conocer e investigar. Así como acabar con falsos prejuicios.

Estas enfermedades han mantenido su propia relación con la literatura y las artes. Aquellos creadores que han padecido enfermedades mentales o que han construido tramas cuyos protagonistas tienen desórdenes severos de personalidad son muchos y variados. Me atrevo con algunos de ellos.

El más ilustre es Platón, trata este tema en el “Fedro”, donde reflejó los delirios de las profetisas de Delfos y Dodona. Contemporáneos son Antonin Artaud en “Van Gogh, el suicidado de la sociedad”. O Sylvia Plath, Remedios Varo, Frank Kafka, James Joyce, Edgar Alan Poe, Lewis Carroll, Robert Walser y Fernando Pessoa. También citar a Charles Bukowski, Allen Ginsberg, William Burroughs, Ezra Pound, T.S. Elliot, Max Aub, Antón Chejov, Dino Buzzati, Mario Benedetti y Samuel Beckett. Sin olvidar a Stefan Zweig, con su Amok, Robert Walser, Lucía Berlin, Bohumil Hrabal, Hamsun Knut, Alejandra Pizarnik, Albert Camus, Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño, Cesare Pavese, Vladimir Maiakovski, J.D. Salinger, autores que siguieron la estela delirante de W.B. Yeats, S.T. Coleridge, Friedrich Nietzsche, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Paul Celan y Friedrich Holderlin por citar a algunos de ellos. Sin excluir a los no citados, también algunos pintores como Goya, El Bosco, Van Gogh, Bacon, Daumier, Chagall, Cezanne, Doré, Dalí, Picasso y tantos otros.

En el campo musical, hay un número similar, quizá el más conocido es Syd Barret, diagnosticado como esquizofrénico y fundador del grupo Pink Floyd, desarrolló su propio delirio en la célebre canción “Wish You Were Here”.

Podríamos también hablar del doble o Doppelgänger (doble fantasmagórico) que ya comenzó a perfilar Erasmo de Rotterdam en “Elogio de la locura” aunque inauguró su término el novelista Jean Paul en 1796.

Shakespeare, antes de que llegaran los románticos, también lo trató en “La comedia de las equivocaciones”, así como se hizo referencia en la Edad Media en varios episodios del ciclo artúrico. Lo vemos en los “Los elixires del diablo” y en “El hombre de la arena” del escritor E.T.A. Hoffman, y en el relato de Edgar Allan Poe, titulado “William Wilson” queda plasmada algunas de las múltiples y variadas obsesiones del autor.

La lista es larga: Mark Twain en “El príncipe y el mendigo”, Matthew Barrie en “Peter Pan”, Robert Louis Stevenson en “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, Oscar Wilde en “El retrato de Dorian Gray”, Virginia Woolf en la novela “Orlando”, Hans Christian Andersen en “La sombra”, Dostoievsky en “El doble”, Guy de Maupaussant en su nouvelle “El Horla” y otros autores como Irene Nemirovsky en varios relatos, Iwasaki en el relato “La ratonera”, Luis Mateo Díez en el relato “El Pozo”, José María Merino en la novela  “El derrocado” (Alfaguara) y Eva Losada Casanova en su  novela “En el lado sombrío del jardín” (Funambulista 2014).

Son muchos más los autores que podrían citarse, haciendo referencia tanto al doble como a los protagonistas de los argumentos que presentan desórdenes mentales. Construir personajes de estas características es complicado, requiere de pericia técnica a la hora de escribir. Así como dotes de observación y una fuerte intuición. Todos ellos ofrecieron una visión del mundo sin duda original, a veces involucrados de manera tan intensa en el desarrollo de su talento que traspasaron la frontera de la cordura. En otras  ocasiones  utilizando como excusa la figura del demente para dinamitar el concepto de realidad impuesto por la normativa de la época. Quizá obtuvieron de ella lo que los poetas no se atrevían a nombrar.

 

Autor de este artículo: Enrique Cremades,  “La habitación número 17” (editorial Círculo Rojo, 2017)

                  

 

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