Alumni

Reconocimientos y premios. 

Nuestra alumna becada del TALLER DE RELATO,  Llarina Pérez Salazar, ha sido finalista en el certamen de relato breve convocado por la Cadena SER 2017.

Y un mes más tarde, nuestra alumna del TALLER DE RELATO, Macarena Fedriani, ha sido finalista en el  IV Concurso de microrrelatos “Inspiraciones Nocturnas”.

¡ENHORABUENA! A las dos.

Llarina y Macarena
Llarina y Chema Contreras

El próximo miércoles 21 de junio, a las 18:30, invitamos al TALLER DE RELATO a una “microcuentista”, psicóloga y directora de documentales. Una mujer polifacética, creativa y muy curiosa: Beatriz Alonso Aranzábal. Beatriz complementará el programa de nuestro TALLER DE ESCRITURA DE RELATO con un paseo por la escritura del microrelato y todo lo que entraña su proceso creativo.

Si no eres alumno de la plaza y quieres asistir ponte en contacto con nosotros, este no es un evento público.

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FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2017

Nuestro objetivo no solo es que cada vez escribas mejor, que te superes y te retes, sino que te acerques al oficio de escritor, que sepas qué hacen, cómo viven y defienden sus textos. Queremos que conozcas por dentro a nuestra comunidad literaria.

 

En la plaza crecemos junto a los escritores y escritoras que se forman con nosotros. Nunca les abandonamos. Caminamos junto a ellos desde sus primeros pasos creativos hasta la edición y presentación de sus trabajos. Sabemos que es un oficio solitario y por ese motivo nuestros alumnos y alumnas participan de manera gratuita en todas nuestras charlas, tertulias, clases magistrales, etc. En las que se encuentran con otros autores, editores, libreros, lectores y miembros de nuestra comunidad literaria.

A través de los talleres y certámenes publicamos libros colectivos: la mejor manera de aprender.

Si has formado parte del grupo de autores finalistas de nuestros certámenes para jóvenes, tendrás que defender el libro en el cual participas. ¿Cómo? Presentándolo, acudiendo a la radio a hablar de él y, lo más divertido, hablando con los lectores en la Feria del Libro, firmando en la caseta de la editorial que lo publica. 

 BANNER FLM cuentos sonoros


DOCE CRISTALES ROTOS. Libro colectivo 2017.

Un año más, doce alumnos y alumnas del Taller de escritura joven”De la idea a la publicación”, editan su libro de relatos en Casa del Lector. La presentación será el 27 de mayo de 2017 a las 12:00h.

 

 

 


ONCE DÍAS DE LLUVIA. Libro colectivo 2016

Once de los alumnos y alumnas del taller de escritura y edición “De la idea a la publicación” Editan su libro de relatos en Casa del Lector. Once días de lluvia  

“Algo va mal. Me incorporo en alerta y noto mis pies sumergiéndose en medio metro de agua gélida. Extiendo mi pierna, intentando tocar suelo, pero la lluvia me lo ha robado…”. Inés Jimenez.

Todos en mesa

“Así pasaba los días, sentada, descalza, en el frío de un suelo extraño, abriendo cajas oscuras, recordando objetos olvidados, juguetes sin dueño, exterminando horas a la vida, intentando no detenerse en el tiempo, apartando imperceptiblemente el flequillo de sus ojos, pasando las páginas de todos sus libros…”. Javier de la Morena.

“El pelo rizado y grueso como el musgo. Sus ojos acuosos parecen estar siempre al borde de derramarse y bajo sus uñas se pueden ver de lejos restos de barro. Cuando abre la boca para decir algún precio, antes de escucharse cualquier palabra, se intuye el murmullo de un riachuelo…”. Raquel Presumido.

Lectura Raquel

“Parece que el ruido cesa, me levanto y contemplo mi habitación, todo está lleno de pequeños y aterradores trocitos, se ha formado una humareda de polvo a mi alrededor. Mis pies descalzos me advierten que si doy un paso más me cortaré. Pero tengo que limpiar este desastre…” Candela Aparicio.

“El inspector se puso un guante de plástico y movió el cadáver a un lado, desclavando el cuchillo del sofá. Tenía otras dos puñaladas en cada costado y una en el pecho, todas hechas con la misma arma…”. Enrique Martinez Sanchez.

lectura inés

“Después de tranquilizarla, empezaron a hablar y Amaya confesó a aquella chica el poco tiempo que llevaba en la capital y lo diferente que era todo en ella. En aquel momento ninguna podía llegar a imaginar cómo cambiarían sus vidas…”. Laura Pascual.

“Algo dentro del profesor encajó, sonó un clic distante y fue como si se hubiera roto una cadena, como un dique o una presa. Con los ojos vidriosos y muy abiertos, sintió lo que le había abandonado durante tantos años. La respiración se le marchitaba en los pulmones y le temblaban los labios. De fondo, la lluvia bailaba en el asfalto…”. Silvana Tirado.

“La angustia y el dolor no me dejaban respirar, ahora estaba sola. Mientras mi vientre crecía yo me consumía en mi dolor sin querer ver ni hablar con nadie…”. Marina Boil.

“A mí me pasaba lo mismo, era ponerme a escribir y sentir que desaparecía, que solo estábamos las palabras y yo, en nuestro propio mundo donde también estaba ella, mi madre…”. María Briones.

“Me desperté pero en un lugar distinto, me sentía débil inútil, triste, deprimida, intente incorporarme pero no pude hacerlo mis padres lloraban y a mí hermano pequeño me miraba, el aviso a mis padres ellos vinieron corriendo a darme un abrazo yo también me alegre de verlos pero no entendía nada..”. Jara Briones.

“Estaba pasando otra vez, me estaba volviendo a morir, ya no me importaba nada, me habían roto con mi mechero, había sido culpa mía, le dije que incendiar aquel edificio no era bueno por muy desierto que estuviera, pero insistió tanto que me convenció, pero eso ya no importaba…”. Manuela Caballero.


RELATO GANADOR. “El gato negro” 2015

Compartimos textos de alumnos/as y relatos ganadores y finalistas de nuestros certámenes.

Ganador gato negro 2015

banner Carmelo Western

Relato ganador del I Certamen para jóvenes Festeen literario “El gato negro” 4 de noviembre 2015.

CARAMELO WESTERN
MIGUEL DESVERN
(Javier de la Morena Corrales)

El día de Reyes Magos disparé en el oído de la novia de mi padre con mi nueva pistola de juguete. Mi tío, que trabajaba en una tienda de chuches, trajo una piñata con forma de indio apache que colgó en el salón. Cuando nos reunimos por la tarde, mis primos, mi hermana y yo nos tapamos los ojos y empezamos la cuenta atrás para comenzar a golpear al viento, hasta que en algún momento diéramos con aquella fuente de caramelos. Aprovechando que en casa de mi tío los Reyes me habían regalado un sombrero de sheriff y una pistola de bolitas de plástico, decidí ponerme mi disfraz y usar mi arma para impresionar a todos con mi increíble rapidez. Al momento de presionar el gatillo, Natalia, la novia de mi padre, gritó provocando el silencio de toda mi familia. Hice como que me destapaba los ojos, pues nunca llegué a tapármelos, y descubrimos que su oído sangraba. Rápidamente me guardé la pistola en el bolsillo, como si siempre hubiera estado allí. Natalia, que decía no oír bien, comenzó a llorar. Mi padre y su respiración furiosa se acercaron con rapidez para darme una bofetada. Mi primo pequeño Jorge, no consciente todavía de la situación, montaba en el caballo de madera que Melchor, Gaspar o Baltasar le había regalado. El gato negro de mis primos, Salter, miraba desde la ventana. Juraría que tuve incluso la sensación de que una brisa desértica se instalaba en el salón, surgiendo del gotelé. Aunque no quise parecerme a Natalia, yo también comencé a llorar mientras la piñata caía en el suelo. Los caramelos ya habían llenado de color rojo metálico toda la habitación.
Mi padre subió al coche a Natalia y se fue corriendo al hospital. Jamás le he vuelto a ver conducir tan rápido. Cuando pienso en mi padre suelo recordar esas mañanas de fin de semana, cuando nos traía porras y churros después de darse un paseo por el parque. Luego descubrimos, al poner nuestra oreja en la pared —tradición que se instaló en casa desde que mis padres solo se comunicaban a gritos en su habitación—, que esos paseos previos a las porras eran en realidad visitas rápidas a Natalia. Mientras el coche de mi padre se iba perdiendo entre petardos y luces de Navidad, mis tíos discutían con brusquedad, a la vez que recogían los platos. Quizá entonces empecé a darme cuenta de mis actos, del dolor que podía haber causado a Natalia, de las miradas llenas de odio que me apuntaban y hacían más daño que mi propia pistola. Podía ver cómo mi tía regañaba a mi tío por haberme hecho esos regalos. Ese día descubrí que los Reyes Magos no existían. El gato negro me miraba en todo momento.
—Dime que no lo has hecho aposta ­—dijo mi hermana cerrando la puerta del baño.
—¿Y si lo hice aposta?
—Te vas a meter en un buen lío.
—Pero mamá jamás habría traído a su novio a casa. Lo hice por ella. No se lo merece.
—Mamá no va a tener novio. Las mamás se quedan solas cuando se divorcian. Eso dice mi amiga Sofía —dijo muy convencida de que lo que contaba era cierto.
—Es solo una pistola de juguete—dije medio lloroso—. Yo solo quería que se fuera a su casa. No es de la familia.
—He oído a los tíos decir que puede que se quede sorda.
—Seguro que me echan la culpa de todo. Los tíos están enfadados conmigo, papá está enfadado conmigo. Todos están enfadados conmigo.
—Yo no. Y estoy segura de que mamá estaría muy contenta de saber que lo hiciste por ella. Mi amiga Sofía dice que sus padres se alegran mucho cuando ella hace algo por ellos.
—¿Qué hago ahora?
—Creo que lo mejor sería que te dispararas tú también.
—¡Estás loca!
—Solo digo que si tú te disparas creerán que estás arrepentido y te traerán regalos al hospital.
—¿Y no me dolerá?
—¿No decías que es solo un juguete? Hazme caso. Mi amiga Sofía vio una película de vaqueros con sus padres donde el sheriff se caía del caballo para hacer creer a los indios que estaba muerto. Serás como el sheriff.
Cogí la pistola, que la llevaba todavía guardada en el bolsillo ­—a mis tíos, entre tanto alboroto, se les olvidó recogérmela—y, temblando, me disparé en el ojo. Debió dolerme tanto que me mareé al instante. Solo recuerdo a mi tío cogiéndome en brazos, el gato negro mirándome, el coche acelerando, la camilla del hospital.
Al día siguiente, Natalia estaba sentada en el sillón que había a mi lado. Cuando me desperté se acercó para decirme que me perdonaba. Al parecer, y por suerte, solo había sido un susto y ella se encontraba perfectamente. Dijo que al yo tener los ojos tapados sabía que no pudo ser culpa mía. Luego me regaló un peluche del vaquero Woody. Intenté pensar que hice lo correcto pero lo único que notaba era que no podía abrir y cerrar el ojo derecho sin sentir dolor. Cuando salí del hospital, mamá dejó que me sentara a su lado. Era la primera vez que tenía el amargo honor de sentarme delante. La radio comenzó a sonar pero algo me impedía escucharla. No me fijé siquiera en los coches que pasaban a nuestro lado. Mis ojos seguían mirando con vergüenza a aquella amigable y descolorida sonrisa del vaquero de peluche.

 

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